¿Qué motiva a una persona a idealizar? Desde que nacemos, los seres humanos estamos en constante aprendizaje. Uno de los aspectos que aprendemos es a construir ideales, vinculando nuestro desarrollo a la búsqueda de modelos a seguir. Nos esforzamos por imitar sus ideas, conductas y logros.
Nuestros primeros objetos de amor son quienes nos crían; se convierten en nuestros primeros referentes. Aprendemos de ellos, buscamos su reconocimiento y, a través de esa relación, desarrollamos nuestra personalidad. Además, establecen las bases de nuestras futuras relaciones. Quienes cumplen esta función de crianza nos tramiten su visión del mundo, valores éticos, ideales y conductas que adoptaremos.
Estas ideas nos impulsan a asumir conductas que, desde su perspectiva, favorecen nuestro bienestar.
Este proceso es central en la construcción de nuestra identidad y el desarrollo de nuestras relaciones. Aprendemos a exaltar las cualidades y valores de nuestros modelos como una forma de identificación y crecimiento. Sin embargo, este mecanismo debe evolucionar con el tiempo. Humanizar a nuestras figuras de autoridad nos hará adultos, pues en la medida en que se es capaz de reconocer que los padres no lo saben todo, no lo pueden todo y son imperfectos desarrolla la capacidad de ver al otro en su totalidad y esto favorece en una mejor y mas sana de vincularse, con los padres, en una relación de pareja, en el trabajo y las amistades.
En el caso de la elección de pareja, la idealización puede actuar como un mecanismo de defensa inconsciente. A través de ella, se descartan aspectos percibidos como negativos de la otra persona, impidiendo una visión completa de su personalidad. Se le atribuyen únicamente cualidades positivas: es el más atractivo, el más inteligente, la más simpática, el alma de la fiesta. Se ignoran sus defectos, creando una percepción parcial de su identidad.
Cuando la idealización por los padres continua en la adultez es síntoma de un conflicto interno en pugna que le obliga reprimir continuamente todo sentimiento hostil hacia ellos para poder mantener la idea de super héroes.
Esta forma de vincularse con los primeros objetos de amor será el modelo para posteriores vínculos, como el de pareja.
El problema surge cuando, con el tiempo, emergen las características que se habían reprimido, lo que provoca un conflicto interno y una crisis en la relación. La persona idealizada deja de encajar en la imagen construida, generando decepción, desilusión y resentimiento. Se pasa de considerarla «perfecta» a percibirla como una gran decepción.
Vincularse con los demás sin reconocerlos en su totalidad condena la relación al fracaso y nos sumerge en una fantasía que choca con la realidad. La incapacidad de aceptar la complejidad del otro limita la posibilidad de construir vínculos genuinos y saludables.
Un comentario
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